El Refranero y Manuel Chiquas

Sexta Parte

Por Alberto Gaytán*

 

 

 

Patrón, ya estuvo bueno de que me este albureando, mejor vamos “a pegarle unos besos a la morena” allá afuera y le platico de Manuel Hernández Galindo, alias “Manuel Chiquas”, el arriero de Misantla con quien trabajé muchos años, con el aprendí la arriería; ese si que era gran jinete, conocedor de los secretos de la naturaleza, de la conducta de los animales y de los hombres. Nadie le ganaba a enamorar gallinas del mejor corral, ese si que era gallo jugao’ y cantaba donde quiera, no como otros que se la dan de muy gallos y no pescan ni un ajoloteen tiempo de creciente, o sea, cuando el agua esta revuelta y abunda todo tipo de peces raros. El ajolote es un anfibio de color oscuro, comestible, de aspecto similar a la salamandra, mide unos 25 centímetros de largo, también puede vivir como larva indefinidamente, en los pueblos del México antiguo su carne fue altamenteapreciada.

El Refranero arreció el ataque contra su patrón:Manuel Chiquas se las sabia de todas, todas y pagaba bien a sus empleados, no como otros de la Huasteca que yo conozco, epa´ Refranero, contestó el patrón, yo no tengo la culpa de que todavía estés enmuinao’ por lo de tu novia,tampoco tengo la culpa que te haya pasao’ lo que a los perros caseros: que les viene la rabia en cuanto se enamoran, sin contar con que tu noviecita salió como las potrancas de mi tierra: chiquita y reparadora y que sin hacerle caso al novio, en una noche de luna ahueco el ala; jija de la guayaba pero ahora que esta sin nada, verá que no es lo mismo brincar las trancas que estar en la pesebrera.

Jefe, dijo el Refranero, una vez muerta chencha: ¿paque’ son las ceras? y ¡lo que pasó, voló! y mejor ahí la dejamos, así se habla cuñao’ expresó contento el patrón, no sin antes aclararle lo siguiente: no estés como “los gatos que se pasan la vida entre quejido y maullido” que conmigo ganas bien y de la Huasteca ni hables, que es tierra bendita donde todo es verde y donde se guisa con manteca. Pues será el sereno, exclamó el Refranero, pero solo ustedes los huastecos pueden soportar las plagas de garrapatas, zancudos, niguas, tabanos y pinolillos que abundan por aquí, bien dicen que “Donde se halla la hierba, se encuentra la contra y en el monte esta quien al monte quema, aahh y no hay mejor camino que el robado”.

 

 

 

Herido en su orgullo huasteco, el patrón volvió al ataque: pues eso dirás tu Refranero, pero a mi se me hace que ese tal Manuel Chiquas, ni era tan gallo, ni sabia tanto como tu dices, porque bien me acuerdo que cuando llegaste andabas todo menso, con la jeta como caballo purgao’ y no sabias gran cosa de atajos, remedios y mulas, como sabes ahora, vaya hombre, bien recuerdo que cuando llegaste andabas como “gallina con pepita”. En las rancherías y comunidades rurales se utilizaba esta expresión para hacer referencia ala “pepita” que es una enfermedad que ataca a las gallinas, consiste en un pequeño tumor que les sale en la lengua, les impide comer, se ponentristes y se mueren.

No le niego que cuando llegué si andaba un poco achicopalao’ por lo de mi novia, aceptó el Refranero, pero lo otro, no es cierto, llegué bien preparao’ y si no, como dijo el ranchero “a las pruebas me arremito”: vaya uste’ a Misantla y pregunte por Don Tito Hernández, el encargado de la hacienda el Dinamo, de la cual ya le platiqué; Don Tito es hijo del arriero Manuel Chiquas, trabajé con ellos muchos años, Don Tito, de niño andaba con nosotros, llevábamos mercadería de Misantla al puerto de Nautla y a otros puntos de la costa del Golfo de México, así como a diversas poblaciones de la sierra del Totonacapan, región que la integran mas de cien pueblos, también arriábamos ganado de Misantla a Xalapa, pa’ mayor seña le diré que en ese entonces, la hectárea de tierra buena costaba cinco pesos y dependiendo del clima, a Xalapa hacíamos de cinco a siete días arriando 80 novillos por los voladeros de la sierra de Chiconquiaco. Don Tito, de unos catorce años de edad, era el guión de la recua y déjeme contarle que muchos años después, allá por 1948, cuando llegó la primera carretera y con ella la moderneida’,el hombre dejó la arriería para convertirse en ayudante de chofer de un camioncito Ford apodado “El león de la sierra”, que fleteaba chile verde entre los pueblos de la región. En el oficio de la arriería, el guión era la persona que caminaba por delante de la recua para avisar cualquier peligro o novedad que se presentara en el camino.CONTINUARA…

 
 

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